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¡Hola Yakarta! – Indonesia Vlog #1

Yakarta no es lo que se dice una ciudad amable. Nada más salir del aeropuerto te recibe una bofetada de aire cálido, que sabe a humedad y tubo de escape. El primer impacto para el turista es una ciudad ruidosa, caótica y acelerada. Muchos turistas que visitan Indonesia no se detienen a conocer Yakarta. Puedo entenderlo, ya que no es una ciudad bonita. Pero que no sea bonita, no quiere decir que no sea interesante.

Cuando viajo, me gusta ver las múltiples caras que tiene un país y observar cómo es el día a día de sus habitantes. Por eso mismo, no entendería un viaje a Indonesia sin pasar por su capital. En este vídeo resumo mi llegada desde España y mis primeras impresiones de esta desenfrenada urbe:

YouTube video

Al salir del aeropuerto, tomé un taxi para llegar al Airbnb. Lo que en muchas ciudades no es más que un mero trámite, en Yakarta se convierte en una misión bastante complicada. Me empecé a dar cuenta cuando el taxista era incapaz de encontrar el alojamiento. Entonces le propuse al taxista que me dejara ahí mismo y ya, caminando, lo encontraría pronto. En ese momento no sabía que tardaría en encontrar el Airbnb un par de horas.

Creo que merece la pena señalar una anécdota nada desdeñable. A mitad del trayecto, el taxista detuvo el vehículo, abrió corriendo la puerta y salió. En ese momento me puse alerta pensando que algo raro sucedía. En realidad, el buen taxista solo quería aliviarse con una gran meada en la misma rueda de su coche. Yakarta me empezaba a conquistar.

Orientarse en Yakarta

Encontrar una dirección en Yakarta es una auténtica odisea. Incluso usando Google Maps. Lo que más me sorprendió es que, al preguntar a la gente que vivía en la zona, tampoco sabían ayudarme. Lo más que lograban indicarme era un solar donde estaban construyendo un edificio. Empecé a pensar que el del Airbnb me había estafado. A día de hoy soy consciente de que en muchos lugares del mundo el tema de la precisión en las direcciones se toma muy a la ligera.

Encontré una cafetería modernita donde fueron muy amables y pusieron bastante empeño en ayudarme. Teníamos una teoría sobre donde podía estar el alojamiento. Tras reponer fuerzas e hidratarme, cargué mi equipaje y me eché a las sofocantes calles de Yakarta.

Atravesé el solar en obras y conseguí divisar el enorme edificio donde estaba el apartamento. Estaba casi cantando victoria cuando me di cuenta de que el acceso estaba bloqueado y tenía que dar un rodeo enorme para llegar a la puerta de entrada. Estaba claro que Yakarta no era la mejor ciudad del mundo para recorrerla andando.

Grandes desigualdades

El Airbnb estaba en un gran edificio con todas las comodidades. De hecho, en cuanto entré en el hall sentí que estaba en otro lugar. Ahí dentro todo era moderno, distinguido y olía bien. Había recepcionistas extremadamente amables y una piscina enorme tipo infinity pool. No se parecía en nada a las calles que había alrededor, con las aceras deterioradas, todo el cableado a la vista y desagües con agua marrón.

Creo que el hecho de encontrar desigualdades tan grandes, no ya en una ciudad, sino en un mismo barrio o en una misma calle es una de las cosas que más nos llama la atención a los españoles cuando empezamos a viajar. Pero esto es lo bonito de viajar, el abrirte los ojos hacia realidades con las que no estás familiarizado.

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La espectacular piscina del alojamiento en Yakarta.

Comienza la aventura

Una vez instalado en el apartamento y tras una siesta reparadora, me dispuse a realizar una misión de suma importancia para el éxito de mi viaje: reparar un disco duro.

Una de mis mayores motivaciones de los próximos días iba a ser filmar un vídeo 360 de Indonesia y para ello necesitaba tener ese disco duro en funcionamiento. Así que me lancé a las calles en busca de una tienda de electrónica. No tuve demasiado problema en encontrar un centro comercial gigante, donde con la ayuda de unos chavales bien simpáticos pude solucionar el problema.

Aproveché para pasear un poco por la ciudad, aunque como ya he comentado, no es una ciudad agradable para caminar. En general es una ciudad para coches y motos. Apenas hay aceras, y las que hay están destrozadas. Lamentablemente, los conductores son los auténticos amos de la calle.

comida-yakarta
Pedí esto sin saber que picaba horrores.

Cuando viajo me gusta probar los sabores locales y comer en sitios que no son turísticos. Cuando ya cayó la noche, y mientras esperaba que llegaran las amigas con las que iba a viajar los próximos días, me acerqué a unos puestecitos callejeros cerca del alojamiento.

Según caminaba empecé a dudar si había sido buena idea, ya que las calles apenabas estaban muy iluminadas y el barrio no inspiraba demasiada confianza. Seguramente fueran prejuicios de europeo, pero en general me gusta tener bastante cautela cuando viajo. Mi idea inicial era comer en el local, pero preferí coger algo y comerlo en el apartamento.

Compré un plato que venía envuelto en unas hojas y tenía carne y arroz. Se veía rico. Lo probé y efectivamente, estaba bien sabroso. A los pocos segundos empecé a percibir un ligero picor. Al principio era agradable pero se iba haciendo insoportable por segundos. Al poco tiempo creía que me moría. Yo tengo resistencia para el picante, pero eso lo habían cocinado directamente en el infierno.

Me recuperé de esa experiencia cercana a la muerte y justo me avisaron mis amigas. Ya estaban llegando al alojamiento. Habíamos conseguido reunirnos todos en el otro lado del mundo y empezaba nuestra aventura. Indonesia nos esperaba.

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